La Torre de Babel y la poesía

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La Torre de Babel y la poesía

Aunque nadie sabe con certeza cómo y cuándo surgió el lenguaje, como capacidad que es del ser humano para comunicarse con sus semejantes, ni se han encontrado vestigios de que en la antigüedad hubiera una sola lengua madre universal como se afirma en el relato bíblico “La Torre de Babel” (Génesis, XI, 1-9), sí es cierto, como dijo Gabriel García Márquez en la bella ciudad de Zacatecas, que la humanidad entró en este tercer milenio bajo el imperio de las palabras.

 La Torre de Babel y la poesía

 

Por Juan Roberto Zavala.

Aunque nadie sabe con certeza cómo y cuándo surgió el lenguaje, como capacidad que es del ser humano para comunicarse con sus semejantes, ni se han encontrado vestigios de que en la antigüedad hubiera una sola lengua madre universal como se afirma en el relato bíblico “La Torre de Babel” (Génesis, XI, 1-9), sí es cierto, como dijo Gabriel García Márquez en la bella ciudad de Zacatecas, que la humanidad entró en este tercer milenio bajo el imperio de las palabras.

LA DERROTA DEL SILENCIO
En esta inmensa Babel de la vida actual, a la que hace referencia el escritor colombiano, el derrotado es el silencio,
pues, como él mismo afirma, la imagen no desplaza ni extingue las palabras. Las potencia, habladas, escritas, declamadas y cantadas en diversos idiomas, a través de la televisión, la radio, el cine, el teléfono, los libros, los periódicos, los carteles de publicidad, los altavoces públicos. Por eso, el mundo en que actualmente vivimos es un mundo de palabras. Ellas son liberadoras y comunican al hombre y su imaginación; al hombre y sus sentidos, pero sobre todo al hombre con los demás hombres. Nada es trascendente si no podemos comunicarlo a los demás. Pero, además, toda expresión lingüística tiene valor universal. Aunque la lingüística histórica, que pretende descubrir y describir cómo y por qué surgieron las lenguas, apenas puede sugerir algunas hipótesis para explicar su evolución, el leguaje, oral o escrito, sigue sirviendo en este siglo al ser humano, no sólo para expresar necesidades, sino como instrumento de comunicación y de intercambio; para expresar pensamientos, afectos y estados emocionales y, sobre todo, poesía.

COMERCIALIZACIÓN DE LA PALABRA
Si bien es cierto que normalmente no nos fijamos en que las palabras son patrimonio común de que disponemos, como el agua o el aire que se respira y dado que tienen una función persuasiva, a partir de fines del siglo XIX las comercializamos en todos los idiomas. Un anuncio ingenioso o una observación inteligente en un periódico o un chiste, una crítica, o una comparación discreta o no, en la radio o la televisión, son bien pagadas. Pero esta mercantilización de las palabras no es
tan importante. Lo trascendente es que en esta Babel actual todas las lenguas: japonés, inglés, español, francés, hindú, chino, etc. son iguales; es decir, tienen valor universal, pues las formas de vida y tradiciones de los países, especialmente la poesía, pueden expresarse a través de todos los idiomas.

LA POESÍA DA SENTIDO A LA VIDA

En alguna ocasión, a Borges le preguntaron: “¿Para qué sirve la poesía?”, y él respondió: “¿y para qué sirven los amaneceres?” En la antigua o en esta nueva Babel, la poesía le da sentido a la vida, pues conmueve, deleita, instruye,
pero sobre todo ilumina al hombre y lo conduce más fácilmente hacia el amor, la fraternidad, la libertad, la dignidad,
la justicia. Por eso decimos con Heidegger, que “el lenguaje es poético y que son los poetas quienes están a la escucha del lenguaje. Es por eso que la medida del ser humano y con ello la medida también de la salud psíquica es habitar poéticamente sobre esta tierra”.